Riesgos de privacidad y control de datos al utilizar herramientas de inteligencia artificial generativa

El auge de las herramientas de inteligencia artificial generativa ha transformado radicalmente la manera en que creamos contenido, automatizamos procesos y gestionamos información. Desde redactar informes y correos electrónicos hasta generar código o analizar documentos, estas tecnologías se han integrado en la vida diaria de profesionales y empresas de todos los sectores.
 Sin embargo, esta revolución también plantea riesgos significativos en materia de privacidad, confidencialidad y control de datos que no deben pasarse por alto.

¿Qué ocurre con la información que subimos a plataformas de IA?

Cada vez que un usuario introduce texto, imágenes o documentos en una herramienta de inteligencia artificial, está compartiendo información con un sistema alojado en servidores externos. Dependiendo del proveedor, los datos ingresados pueden ser almacenados temporalmente o utilizados para mejorar el modelo, salvo que se utilicen versiones empresariales o configuraciones específicas de privacidad.

Esto significa que, si no se aplican precauciones, información sensible o confidencial —como nombres, contratos, estrategias de negocio, contraseñas o datos financieros— podría ser procesada por sistemas de terceros. Aunque la mayoría de los proveedores implementa medidas de seguridad avanzadas, el mayor riesgo suele provenir del propio usuario: subir información que no debería compartirse.

 

Principales riesgos de privacidad y confidencialidad

Exposición de datos sensibles

El uso de herramientas de IA para generar o revisar documentos puede implicar el envío involuntario de datos personales, financieros o corporativos a sistemas externos. Esto genera un riesgo potencial de violación de la confidencialidad o de uso indebido de la información.

 

Pérdida de control sobre la información

Una vez que los datos se suben a una plataforma de IA, el usuario pierde control directo sobre cómo se almacenan, procesan o eliminan. Aunque existan políticas de privacidad, la dependencia de un proveedor externo implica confiar en su cumplimiento de las normas vigentes —como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en Europa o la CCPA en Estados Unidos—.

 

Cumplimiento normativo y responsabilidad legal

En entornos regulados, como los sectores legal, sanitario o financiero, el uso de IA sin una evaluación previa de riesgos puede derivar en incumplimientos normativos. Compartir información de clientes, expedientes o casos con sistemas externos puede vulnerar el deber de confidencialidad profesional o incluso normas sobre secreto de sumario.

 

Falso sentido de seguridad

Existe la percepción de que las plataformas de IA son “seguras por defecto”. Sin embargo, la seguridad depende de la configuración, el tipo de cuenta y la conciencia del usuario. Las versiones gratuitas o públicas pueden tener políticas de retención y análisis de datos diferentes a las versiones empresariales, que suelen ofrecer mayores garantías de privacidad.

 

Buenas prácticas para un uso seguro

  • Evitar subir información confidencial o identificable. No compartas nombres, documentos legales, contraseñas o datos financieros.

  • Elegir soluciones empresariales o educativas que incluyan controles de privacidad avanzados y certificaciones internacionales.

  • Revisar y comprender la política de privacidad antes de integrar una herramienta de IA en entornos laborales o de clientes.

  • Aplicar técnicas de anonimización o seudonimización, reemplazando datos reales por identificadores neutrales.

  • Capacitar al personal sobre el uso responsable de la inteligencia artificial y los riesgos asociados al tratamiento de datos.

  • Complementar el uso de IA con políticas internas de seguridad, como autenticación multifactor, redes seguras y almacenamiento cifrado.

 

Conclusión

Las herramientas de inteligencia artificial generativa ofrecen un enorme potencial para la innovación, la productividad y la eficiencia. Pero, como toda tecnología disruptiva, requieren uso responsable y conocimiento de sus implicaciones en materia de privacidad.

Subir información sin evaluar los riesgos puede exponer datos sensibles, comprometer el cumplimiento normativo y afectar la reputación de una organización.
 El desafío no está solo en proteger los sistemas, sino en formar mentes conscientes y críticas sobre el uso ético y seguro de la tecnología.

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